Mientras tanto es el territorio de lo pequeño: una canción escuchada en un aeropuerto, una epifanía mínima, una frase que cambia el día sin hacer ruido.
No son grandes acontecimientos. Son movimientos silenciosos.
Una reflexión sobre la esperanza como decisión consciente.
Sobre la fragilidad del “tal vez”.
Sobre esa fuerza silenciosa que nos hace comenzar algo nuevo, incluso sabiendo que el tiempo es limitado.
A veces no viajamos para volver, sino para entender hacia dónde nos estamos moviendo. Casiopea fue ese instante de reconocimiento: no una promesa, no una respuesta, sino una coordenada.