Siento que me escondo de las memorias que no aparecen.
No porque duelan,
sino porque no están.
Hay recuerdos que no regresan aunque los llame con cuidado.
No se presentan ni siquiera como fragmentos,
ni como imágenes borrosas,
ni como una sensación clara en el cuerpo.
Solo queda un vacío extraño,
como si algo hubiera sucedido
pero yo hubiera llegado tarde
a mi propia experiencia.
A veces pienso que no olvidé.
A veces pienso que me protegí.
Como si una parte de mí hubiera decidido
que era mejor borrar sin preguntar.
En Eternal Sunshine of the Spotless Mind
la memoria se borra con una máquina,
con un procedimiento,
con un acuerdo explícito.
En la vida real, no.
Aquí nadie firma nada.
Los recuerdos simplemente dejan de aparecer,
y uno aprende a caminar alrededor de esos huecos
sin nombrarlos demasiado.
No sé exactamente qué perdí.
Solo sé que hay momentos
que no puedo volver a habitar,
aunque siga sintiendo
el peso de que alguna vez estuvieron ahí.
A veces no siento que haya olvidado.
Siento que alguien decidió por mí.
No fue una elección clara,
no hubo un momento exacto,
ni una frase interna diciendo esto no.
Fue más bien un gesto mínimo,
casi imperceptible,
como cerrar una puerta sin hacer ruido
para no despertar a nadie.
No sé qué parte de mí fue.
Tal vez la que todavía no sabía cómo sostenerlo.
Tal vez la que entendió antes que yo
que no todo lo vivido
necesita permanecer intacto.
En la película,
el borrado es violento cuando se mira de cerca.
Las escenas se rompen,
los rostros pierden forma,
los espacios colapsan.
En mí no hubo nada de eso.
Solo una retirada lenta.
Una forma de cuidado
que no supe nombrar en su momento,
pero que ahora reconozco
como la única que tenía disponible.
No recuerdo qué fue exactamente lo que se fue.
Pero a veces,
cuando algo se parece demasiado a eso,
el cuerpo reacciona antes que la memoria.
Y entonces entiendo
que no todo lo que falta está perdido.
Tal vez no todo lo que vivimos
está hecho para volver como imagen.
Algunas cosas permanecen
como una sensación sin nombre,
como un gesto que el cuerpo repite
sin saber de dónde viene.
No recuerdo.
Y durante mucho tiempo
pensé que eso decía algo malo de mí.
Ahora no estoy tan segura.
Tal vez fue una forma de seguir.
Tal vez fue la única.